| “Me impactó ver muchos niños amputados” |
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A pesar de que trabaja hace muchos años en el SAMU puentealtino, lugar donde ha tenido que lidiar con situaciones graves y extremas, nunca se imaginó el drama que le tocaría vivir, en una nación totalmente sumida en la pobreza y resignación de morir en cualquier momento. Puede ser que el nombre Sofía Cortés no le suene conocido, pero a diferencia de nosotros, cientos de niños haitianos y quizá cuántos compatriotas han salvado de morir, gracias al esfuerzo que día a día realiza en su trabajo, pero en especial, la labor humanitaria que hizo en Haití, nación que hace muy poco tiempo al igual que nosotros, se vio a afectada por gran un terremoto.Para quienes no la conocen, Sofía es Enfermera de profesión, pero actualmente y desde 1993, trabaja como Reanimadora del SAMU. Y fue gracias a su currículum que resultó seleccionada para partir, junto a otros 16 profesionales de la salud hacia la devastada nación de Haití para desempeñarse en el área de Pediatría en el Hospital Universitario de la Paz en la ciudad de Puerto Príncipe entre el 21 de enero y el 8 de febrero, como parte del grupo de ayuda humanitaria, enviado por el Ministerio de Salud. “Primera vez que voy a una misión de estas características, la cual califico como muy buena por todo la experiencia que se adquiere en misiones de este tipo. Te das cuentas que tenemos muchas cosas que ellos no tienen. Sus hospitales son muy precarios, no tienen UTI, Neonatología, la verdad es que la salud, y en especial las personas son muy precarias en el fondo”. LA PRIMERA IMPRESIÓN “Nosotros llegamos a la base de la Fuerza Aérea de la ONU, así que la primera impresión que recibimos fue de tranquilidad, pero al día siguiente, cuando fuimos hacia el hospital, la verdad es que durante el recorrido vimos muchas casas en el suelo, gente en la calle, y sobre todo un olor nauseabundo, pero más que a cadáveres, era a deposiciones y orina. Entramos al lugar y el patio estaba lleno de carpas armadas por la gente que había sacado los biombos, camas, sillas y sábanas del recinto”. “Nos íbamos en camiones de la ONU, y trabajábamos desde las 8 de la mañana hasta las cinco de la tarde aproximadamente, aunque muchas veces nos quedábamos más tiempo”.“Una vez que entramos al hospital, pudimos percatarnos que los pasillos estaban llenos de camas. Había un pedazo de tierra, y los familiares de los heridos hacían sus necesidades en este lugar, sin importarles lo más mínimo, mientras que las deposiciones de las personas heridas también eran tiradas ahí mismo”. “Lo más impactante son los niños. Sólo en ese hospital vi a más de treinta amputados en sus brazos, piernas, manos, dedos y heridas muy cruentas. Los menores llaman mucho la atención. El hecho de que tengo una hija de tres años, cambia las cosas completamente. Es otra la visión del tema. El primer paciente que me tocó atender, era una niña que debe haber tenido la edad de mi hija. Tenía los mismos ojos de ella, cuando se pone triste. Le faltaban tres dedos de una mano. Durante ese tiempo, tuve que ver niños sin sus padres, con heridas muy terribles”. SIN DINERO, NO HAY ATENCIÓN “Todo el asunto de que tantas personas se encuentren amputadas, pasa por el hecho de que los haitianos pagan por los insumos, y por lo mismo, al momento de producirse el terremoto, la gente al no tener dinero para recibir ayuda, simplemente, no fue al hospital porque sabían que no iban a recibir ayuda. Sólo lo hicieron, una vez que comenzaron a llegar los equipos extranjeros. El problema de esto, fue que las heridas a esas alturas no se podían suturar a causa de las infecciones. En muchos casos, las fracturas que se habrían podido arreglar en un principio, ahora no se podía hacer nada, lo que derivó en el hecho de que muchas de estas extremidades se tuvieran que amputar. Había muchas heridas que estaban unidas por puntos, pero que se encontraban abiertas. En el fondo, las unieron para que no se saliera el pedazo. Vi muchos talones que estaban partidos en la mitad, y estaban con puntos para que el pedazo de pie no se les cayera. Muchos niños con gusanos en las heridas. Según datos entregados por personal médico haitiano, la tasa de mortalidad de los niños es que el 50 por ciento de estos, se muere antes de cumplir los cinco años”. FALTA DE AMOR Y APEGO FAMILIARLa tasa de natalidad es muy grande, pero el problema existente en Haití, es que muchos de los niños nacen muertos. Al respecto, nos cuenta que “no es como acá, ya que a una mamá le dicen tu hijo está muerto y es terrible no sólo para ella, sino que para todo el entorno familiar. En cambio, allá la cosa es muy diferente, ya que a una madre le dicen que su bebé nació muerto y ellas reaccionan como si nada, además que vi a muchas personas robándoles comida a sus propios hijos”. Pero esa falta de amor y apego dentro el entorno familiar no termina acá, ya que a diario, debió aprender a convivir con hechos realmente insólitos para nuestra idiosincrasia. “Un día nos avisaron que en Maternidad, la que a todo esto, es espantosa, iba a nacer una guagua con problemas, ya que sólo tenía 32 semanas. Apenas pudimos, bajamos a ver si podíamos ayudar en algo. La acción correcta en caso de producirse un caso como este en Chile, es que la guagua quede en una incubadora, mientras que allá simplemente se muere. Posterior al nacimiento, su madre la llamó Esperanza por todas las dificultades que tuvo, pero el problema de esto, recién comenzaba, ya que los bebés a esa edad no tienen el reflejo de succión. Como una forma de evitar esto, le dije a la mamá, si tu guagua no mama, se va a morir, y ella no se inmutó en lo más mínimo. Entonces, decidí cambiar de estrategia y le dije si tu guagua se muere, te vas inmediatamente y no te damos ni comida ni agua. Desde ese momento, comenzó a preocuparse de su hija, pero sólo por el hecho de que gracias a esto, recibiría comida y agua”. LA DIFÍCIL DECISIÓN DE DEJAR A LA FAMILIA POR TRABAJO “Cuando ocurrió el terremoto en Haití, mi marido me preguntó si estaba dispuesta a ir para prestar ayuda. Le respondí que sí, pero que me complicaba el tema de la niña. Me dijo, Sofía va a estar bien. Allá vas a hacer muchas cosas, y aquí yo me puedo quedar con la niña. Mi red familiar es muy buena, ya que cada vez que tengo turno, se queda con mi suegra o mi mamá, quienes le cocinan y la cuidan”. “Un par de días después, me avisaron que se necesitaba gente. Luego de conversarlo con mi marido (Pedro), postulé y cuando salió el resultado, recibí la confirmación que había sido seleccionada sólo el día antes, por lo que rápidamente, tuve que arreglar mis cosas y partir. Si bien, en el fondo era complicado dejar de lado a mi familia, el hecho de tener el apoyo de mi marido, me cambió el panorama”. Gracias a esto, integró el equipo de profesionales, el cual estaba compuesto por enfermeros, médicos, técnicos en enfermería, un tecnólogo médico especialista en rayos y un kinesiólogo que fue a ver la parte administrativa. “A pesar de la distancia y el hecho de estar en un mundo completamente nuevo, tuve la ventaja de poder comunicarme todos los días con mi marido por medio de la FACH, ya que los efectivos de este lugar, me facilitaban un computador para que pudiera estar en contacto a diario con mi marido e hija. Otra cosa que hice, fue dejarle videos a mi hija para que no perdiera el vínculo. Fue muy complicado al principio, pero el hecho de estar reclutados y la previa experiencia en situaciones extremas me sirvió bastante a la hora de partir”. Las situaciones extremas a las que se refiere, se basan en el hecho de que no sólo trabaja en SAMU, sino que además, pertenece a la Novena Compañía del Cuerpo de Bomberos de Ñuñoa, por lo que cuenta con la experiencia necesaria en cuanto a escenarios difíciles se refiere. “Tuvimos que irnos sin vacuna, pero lo que sí nos dieron, fue Cloroquina para la Malaria, medicamento que te hace pedazos el estómago. La otra indicación era que no podíamos beber ni comer nada que no fuera entregado por personal autorizado. Al almuerzo, comíamos raciones de combate, que consisten básicamente en tarros, cuyo contenido era porotos con cerdo, porotos con verduras, lentejas con cerdo, lentejas con verduras, pollo al curry con arroz, aliñadísimo, sardinas y galletas que parecían ladrillos, los cuales calentábamos con pastillas de parafina, pero nos daba lo mismo, porque se comía y sobre todo, mucha agua, por lo que el primer día, creo haber tomado cerca de cinco litros a causa de la enorme transpiración, causada por la humedad en el lugar”. En la sección que trabajó, dice que había niños hospitalizados en camillas de campaña, en el suelo. Los papás permanecían sentados en sillas. Y que en medio de todo esto, se encontraban los niños más graves que acá deberían estar en UTI, pero allá, simplemente, debían permanecer en estos rústicos lugares, al igual que todos aquellos menores que presentaran fracturas y heridas serias. El resto, sólo debía conformarse con recibir atención ambulatoria. Según nos relata, “uno de los casos más fuertes que me tocó atender, fue el de una niñita que tenía un corte en la cara que pasaba por la zona de su ojo, el cual habían tenido que sacárselo. Tenía una tremenda herida en la boca por donde le salían gusanos a causa de la infección”. IMPROVISACIÓN El tema de la esterilización simplemente no existe en Haití, principalmente por una falta de recursos, debido a que se priorizó otros puntos considerados como más importantes a la hora de enviar elementos de ayuda para esta nación, por lo que debieron improvisar. “Las pinzas sólo eran limpiadas con una especie de desinfectante, ya que no había más. El área limpia era la cama o la silla, mientras que el área sucia era el piso, entonces curábamos y teníamos que prácticamente rezar, y a pesar de esto, se sanaban, ya que en el tiempo que estuvimos, pude ver mejorías en muchos niños”. “Les das Amoxicilina y Penicilina Sódica y andan regios, ya que no conocen otro medicamento, y gracias a esto, los bichos se mueren enseguida”. DIFERENCIA CULTURAL “Un día llegó una niñita que tenía envuelto alrededor del cuello, una pañoleta roja. Nosotros nos mirábamos y decíamos, qué extraño. Vaya sorpresa nos llevamos cuando nos dimos cuenta que tenía el ojo de la mamá envuelto. Esto, porque practican mucho vudú, tienen la creencia que si portan el ojo de la mamá, se les pasará mucho más rápido el dolor por haber perdido a su madre”. “Vimos muchas niñas con pulseras, las cuales teníamos que retirárselas, debido a que sus brazos se hinchaban, producto de las fracturas. Es mucha la pobreza existente, pero además, no son muy buenos para trabajar, ya que sólo lo hacen las mujeres y los niños, mientras que el hombre se dedica a descansar e incluso, muchas veces, arriendan a los niños para que trabajen”. FALTA DE HIGIENE “Estábamos en Puerto Príncipe. Vimos gente vendiendo carne en un cajón en la calle, al lado del basurero, pero eso no es todo, ya que durante todo el día, pegaba el olor a orina y deposiciones, las cuales se encontraban desparramadas al lado de las carpas, la gente en sí no es sucia con su cuerpo, ya que se lavan y limpian, pero sí lo son con su entorno”. ¿POBREZA O SIMPLE DESAPEGO? “La gente pasa arriba de los muertos como si fuera lo más normal del mundo. Cuando se muere alguien en un hospital, los familiares van y retiran la ropa y comida que pueda haber en ese momento en el lugar, pero dejan el cuerpo tirado porque no tienen dónde enterrarlo, netamente por un tema monetario. Posterior a esto, venían unos camiones, parecidos a los de basura, y retiraban los cuerpos para ir a depositarlos en fosas comunes, ya que ni siquiera se daban el trabajo de identificarlos”. ACTITUDES INCOMPRENSIBLES El modo correcto, en caso de producirse una catástrofe como la que ocurrió en Haití, y recientemente en nuestro país, es que todos los profesionales de la salud, estén a disposición, pero lamentablemente esto no siempre es así. “Chile por ejemplo, tiene las cosas armadas en cuanto al tema de los hospitales de campaña. Allá en cambio, apenas se produjo el terremoto, los doctores y el personal médico salió arrancando y sólo regresaron hasta aproximadamente el 30 de enero, fecha en la cual nosotros ya estábamos brindando ayuda”. “El sistema de turnos para los médicos, consiste en una vista de una hora diaria para todo el hospital, mientras que durante el resto del día los ven alumnos de medicina. En las noches no queda nadie de turno, a excepción de los guardias que a lo mucho, al día siguiente informan si alguna persona murió y la hora en que esto ocurrió”. Sin duda, un relato extraordinario de una verdadera héroe anónima, de la cual estamos seguros que no dudaría un segundo en partir de manera inmediata hacia cualquier rincón del mundo con el sólo propósito de brindar ayuda a quienes más lo necesiten, así que no sería extraño verla en los próximos días prestando servicios en Concepción, ya que tras ser consultada, respondió “iría de inmediato porque se necesita harta ayuda allá”. |



Puede ser que el nombre Sofía Cortés no le suene conocido, pero a diferencia de nosotros, cientos de niños haitianos y quizá cuántos compatriotas han salvado de morir, gracias al esfuerzo que día a día realiza en su trabajo, pero en especial, la labor humanitaria que hizo en Haití, nación que hace muy poco tiempo al igual que nosotros, se vio a afectada por gran un terremoto.
“Nos íbamos en camiones de la ONU, y trabajábamos desde las 8 de la mañana hasta las cinco de la tarde aproximadamente, aunque muchas veces nos quedábamos más tiempo”.
FALTA DE AMOR Y APEGO FAMILIAR






